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Voy al oxxo

En el punto ciego de un libro, esa esquinita donde el ojo no llega, dicen que hay más que ver. Es como los dibujos que hacíamos en la escuela en el borde de las hojas del libro de texto, esas películas animadas. Un monito de palitos a lápiz caminando, brincando y luego estallando. Se terminó el libro. ¿Fue todo?. Todas las historias adentro, pero ¿nada más?. Música para camaleones de Truman Capote. Luego cualquier cosa de Charles Bukowski. Y una nota en el refrigerador: falta leche.

ES DE NOCHE

La música barre con el día, algo recolecta los platos rotos y se van levantando las sillas; Las luces se quedan a escuchar el ronroneo callejero que resuena al pasar. Es la calle, no todos duermen. 

PARA CALLEAR

Puerta abierta a las melodías callejeras. Azul y goma de mascar. Chicle en el alma. Ojos pegados a la razón y sueños dormidos detrás del graffiti.  Acá las calles caminan bajo los autos, nadie se mueve; las personas hacemos que avanzamos sobre circuitos de piedra artificial que giran sobre el mismo lugar. Adelante, atrás, subir y dejar abajo, entrar o salir de uno, de todos; es estar estando en estado de ser. Paneo, Zoom, cinta quemada por rebotes, pintura callejera en muros que únicamente separan al que pinta y al pasajero voyeur. Caminar más las calles para dejar de ver hacia afuera, y pintar más desde adentro.

ENTIENDO LUEGO ENCIENDO

Para el fuego es muy sencillo existir y dejar de hacerlo. Entonces fue o no fue, go, went, send, ir, venir, apagar, encender. Existir. Extinguir. Fuego somos y fuego fuimos. ¿A qué fuego cuando escribo?. Sube la temperatura ya escucho la calle en 5.1 y guardando, grabando, registrando, ando en dos, tres, cuatro y fuego. 

día de noche.

Lo tengo en la mira, lo pensé varias noches. El día llega, te despiertas y como dijo el señor de la luz, Hugo, piensas en que ese día el mundo será tuyo; unas veces sucede, otras no. Y siempre al siguiente día, sales con la misma idea. Es un poco pinky y cerebro; el lado derecho y el lado izquierdo. La emoción, la razón, y viceversa. Así pasan los días, entre las ideas y los hechos. Sin embargo, no hay discordia, mantengo la noción y la idea de que la sangre no sabe pensar, comparto la canción. Y todas las mañanas que viví, también.

Contagio.

Tengo las manos llenas de aceitunas. En los ojos la memoria no me falla: hace un minuto se fue el año con sus esperanzas y varias lágrimas. Hace frío aquí dentro. Los cortes quirúrgicamente correctos me deslindaron de manos, pies y brazos. Justo en el momento en que tenía aceitunas para comer. Y todo para terminar en un refrigerador, mutilado. Mi lengua se la comieron los ratones. Dicen que estaba contagiado yo de algo. De vida.