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Los municipios de la verticalidad

Se dispara entre estos dos muros aquella honestidad incipiente, mi continua comunicación indecisa con tus piernas eternas, pasos "bailosos", melodías transparentes que se vierten entre sí en turbias sonatas nocturnas, blanco de todas mis creencias, desvelo entretejido de letras, minutos, meses y esperas afuera que todavía no te toca.

Escribo.

Escribo a escondidas, escribo entre los muslos, deletreo el tono de tu piel de noche y de día, compagino cada centímetro que he recorrido de tu cuerpo para entender tus formas. Escribo y escribo más de lo que sabes.

Solo veneno de abeja

Solito, en el patio de la escuela. Está lloviendo, pero no se siente triste. Solo no está acompañado. Y ve la abeja, la molesta, le quitas sus alas. ¿Qué clase de karma estará pagando la abeja?. Algo malo habrá hecho en su otra vida... algo duele. Pisa a la abeja. La presión interna hace estallar su colorido y ovalado cuerpo y se escucha un micro terrorífico estruendo de sus mini vísceras escapando en una plasta de miel, polen, partes de aguijón y la física aplicada por milímetro cúbico que se transforma en una manchita, una manchita singular en el patio de la escuela. Que se lleva el agua. La cara se hincha. Pero el niño no llora por la abeja, ni llora porque está solo, llora por una señal eléctrica disparada desde su cerebro que le avisa del diminuto arpón que atravesó su epidermis para compartir su apitoxina en los tejidos, mismo que en otras cantidades le ayudaría a reducir el dolor por el reuma que tendrá en un futuro, pero que en este preciso instante, le provoca un efecto citotó...

Sed otro.

Sed, que os lo digo yo: dadme una vida después del sol. Corre por el río, nada por el cielo, contempla mis cicatrices, entre los abismos de tus letras, vértigo ensimismado de miradas honestas. Entre soy y me ahoga ser, agua enciende mi sol.

Un animal de colores

Sin reproches, estamos, esta humedad, mis ideas y yo, tomando un café. En color a tu memoria. Recuerdo, según lo dicho, que por mucha emoción que tú me des, nunca nada se igualará al día de, cuando por fin pasó lo que tenía que pasar y sin ver, crecimos sin volvernos adultos y seguimos siendo a jugando a ser niños.

Humedad

En calma, sobre el goteo del cielo. Llueve y todo es una paz que se extiende como una sábana antes de dormir; todo es contradictorio. Irreal. Pero está ahí, existiendo. Entre memorias de cal y arena, sabor a sal y una sensación cruzada de agua de mar y lluvia, este micro mundo viene inundado de frases parcas, ideas sin origen y lecciones sin fábula.  ¿Cómo sobrevive?. Simple, es y eso es todo. Se conecta con la propia idea de respirar, ver, y actúa sin pensar. Hace las cosas, cómo las cosas se hacen: sin pensar, sólo son.  Así es la humedad.